• Libia: Gritos a los africanos

     Una Comunidad famosa e internacional, que tiene de internacional sólo la voluntad de las potencias occidentales, se agita para expulsar a un «dictador africano», al gran desprecio de la opinión de los jefes de Estado africanos y africanos. África es excluida de un debate que habría debido ser con prioridad el suyo. Pero África se calla: los jefes de Estado se callan; las clases políticas y las sociedades civiles son afónicas; hasta "ELDERS" (el comité de los sabios africanos) son mudos. Unas tentativas de expresión son poco visibles…

    Africanos, Libia está bajo los fuegos de fuerzas extranjeras en busca de vanagloria personal y de defensa de sus propios intereses. ¿De qué legitimidad política, de qué credibilidad moral, estos poderes que no tienen sus compromisos, que hambrean a los pueblos, pillan los recursos de los países, pueden prevalecerse? ¿El petróleo y el gas libio están ausentes de sus motivaciones? ¿No quieren ajustar también sus cuentas con Kadhafi para acuerdos no respetados, y por haber exigido una indemnización a título de la colonización a Italia, el antiguo poder colonial?

    ¿De qué revolución hablan? ¿Quién se acuerda de sus amistades y de sus abrazos con los que cayeron, Ben Ali y Hosni Moubarak? ¿Quién desenrolló la alfombra roja a Khadafi en su capital? ¿Quién le propuso armas sofisticadas? ¿En qué bancos son depositados sus fondos?

    Africanos, la partición de Libia está en marcha. Pronto tal vez, flotará, en Benghazy, la bandera de Cyrénaïque, puesta real de todas estas agitaciones, a los colores de la monarquía. ¿A quién el turno mañana? ¿Cual otro plato va a servirnos esta organización con un funcionamiento anacrónico que son las Naciones – Unidas, con privilegios que datan de una otra época, particularmente este derecho famoso obsoleto de véto?
    Africanos, uno de nuestros proverbios dice: «si matas tu perro malo, otro te morderá.»

    Africanos, son escandalosas, al punto más alto, las apetencias belicistas de los Grandes de este mundo, que le estrujan según su voluntad, sencillamente porque ellos tienen los medios. El más paradójico es que no se encuentra, entre sus cercos, ninguna voz para llamarlo a la medida, a la sabiduría, para poner al apuntador sobre las consecuencias de sus actos sobre el resto de África y del mundo.

    ¿África puede continuar registrando sólo humillaciones en humillaciones? ¿A pesar de sus métodos a menudo extraños, el carácter discutible de sus teorías, Khadafi no habrá sido uno de los chantres de la unidad africana? ¿No trató de aportar más recursos a varios países africanos que número de poderes que hoy le condenan? ¿No sostuvo los movimientos de liberación y la lucha contra el apartheid en África? ¿Él quién no quiere a los partidos él no ayudó a partidos políticos en África? Por cierto todo esto no sabría pagarlo los derechos de aduana de actos reprensibles que pudo cometer, tal como el apoyo de movimientos terroristas o la violencia contra poblaciones civiles pero ¿su suerte puede ser decidida desde fuera de África? Ciertamente no.

    Soy inquieta. Aullemos nuestra inquietud, africanos, clamemos nuestras opiniones, nuestras apreciaciones. Movilicémonos para defender nuestro continente magullado y mofado. No les dejemos el monopolio de la expresión a nuestros solos jefes de Estado; pronunciémonos como opinión pública, a través de nuestros partidos políticos, nuestras sociedades civiles, nuestros intelectuales, nuestros jóvenes y nuestras mujeres. Superemos nuestros miedos, nuestros pequeños montones miserables de intereses personales para girarnos hacia África y solamente hacia África.

    Atrevámonos a atrancar el camino la desintegración de nuestro continente, con el fin de evitar su recolonización. Atrevámonos a atrancar el camino al seccionamiento de África en África negra y África blanca. África es una e indivisa, de Trípoli al Cabo, de Dakar a Djibouti. (Trad. Raiz África. Título original: Cris aux africains)

    Adame Ba Konaré, historiadora,

     memoireafrique@yahoo.fr

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